Las organizaciones en general y las empresas en particular están experimentado la realidad de una sociedad que está cambiando en sus gustos, en sus modos de relacionarse con las empresas, abriendo nuevos cauces de comunicación, entendiendo de un modo diferente la transmisión de información y de conocimiento, exigiendo de un modo especial la inmediatez en los servicios o descubriendo una nueva dimensión para gestionar las relaciones, tanto personales como institucionales.
Muy pronto, la mayoría de las organizaciones tendrán que haber evolucionado hacia un nuevo modelo mental para no morir. Para ello se necesitarán profesionales con visión, capacidad de trabajo colaborativo, con habilidades comunicativas, habilidades emocionales, capacidad para gestionar la imagen, visión para captar tendencias y ser creativos, o capacidades de autoliderazgo, autogestión y autoaprendizaje, entre otras competencias transversales.
Sólo las instituciones -entre las que se incluye la universidad- que tengan un fuerte concepto de sentido que defina su identidad, tendrán la motivación y el valor suficientes para reflexionar sobre sí mismas, su nivel de responsabilidad en este cometido y la capacidad para adaptarse eficazmente a los cambios que el entorno exige.
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