Sumario Analítico
Analytic Summary
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david.basora@urv.catHoy la sociedad española, no de forma aislada ni tampoco de forma excepcional en buena parte de Europa, se halla ante la difícil, incluso dolorosa, obligación de revisar profundamente las bases sobre las que se ha desarrollado durante los últimos treinta años su Estado de Bienestar. La crisis económica mundial, que en otras partes del mundo ha sido fundamentalmente económico-financiera, en nuestro país ha puesto asimismo de manifiesto que el modelo de crecimiento, sobre todo en los últimos diez años, tenía en cierta medida “pies de barro” y nos ha llevado a niveles de endeudamiento público y, sobre todo, privado más allá de lo que es sostenible en el marco global. Sin embargo, la capacidad de España para generar riqueza y estar presente en el escenario económico mundial es aún de primer nivel, dentro de los parámetros de la UE-15 (por dar una referencia). El comportamiento de los dos últimos años nos muestra eso y, al mismo tiempo, nos ofrece ciertas expectativas positivas de cara al futuro (el noveno Producto Interno Bruto ?PIB- del mundo y en términos per cápita España se ha mantenido dentro de los mejores de Europa y es el 32º del mundo), a pesar de que la intensidad de la situación actual y la rapidez con que hemos llegado a ella nos previenen de cualquier autocomplacencia y nos dicen que las medidas que hoy se deben adoptar, de manera urgente y aguda, deben contener componentes estructurales, además de aquellos a los que obliga la coyuntura.
En este contexto de fuerte reducción de los ingresos públicos, todos los servicios públicos se ven afectados y, por tanto, de manera inevitable (ya veremos en qué medida coyuntural o estructuralmente), también los pilares de nuestra sociedad del bienestar: la salud, la cohesión social y la educación, y, dentro de ésta, la educación universitaria. En el caso de las universidades, la afectación tiene, además, un doble efecto, pues, más allá de su función educativa en el nivel superior, incide en la generación de conocimiento y en su transformación en valores culturales, sociales y económicos, elementos que todo el mundo considera que forman parte de la solución y de la receta de futuro.
La extensión de la afectación a todos los servicios públicos hace muy difícil que se pueda entrar en matices acerca de cuáles son más o menos esenciales o cuáles se hallan, en parámetros de referencia internacional, en mayor o menor disposición de ser adelgazados. Al mismo tiempo, ante la inevitable reducción de la financiación pública es natural que surjan, en el seno de la sociedad y, sobre todo, entre las partes afectadas, cuestiones y muchas opiniones en relación con la dimensión y las características actuales de cada uno de estos servicios.
La finalidad de este documento no es tanto la de dar una opinión, de parte interesada, sobre el sistema universitario público como la de describir, a partir de información y datos, cuál es la dimensión actual del sistema universitario español para ponerla en relación con la de otros países, mostrar con qué recursos públicos trabaja y qué resultados obtiene, siempre intentando contextualizarlo, para ayudar a construir una opinión fundamentada sobre su eficacia y eficiencia.
Hoy España cuenta con un sistema universitario público integrado por cuarenta y siete universidades de factura tradicional, con enseñanza superior presencial, y una diseñada para la enseñanza a distancia, virtual, todas activas en investigación y transferencia de conocimiento. Para la finalidad de este artículo es preciso, de alguna manera, poder medir la dimensión de este sistema universitario, su actividad, sus recursos y sus resultados. Como resulta obvio, dada la complejidad de la actividad universitaria y la infinidad de indicadores posibles, esta medida se debe concentrar forzosamente en los elementos esenciales mínimos que pueden reflejar esa actividad, dimensión y resultados. En este sentido, se han seleccionado datos públicos y lo más crudos posible, esto es, poco elaborados: para la dimensión docente, el número total de estudiantes y el número de titulados/año; para la dimensión investigadora, la producción científica de un quinquenio y la calidad media de esta producción, tal como hace el SIR 2010 (SCImago Institutions Ranking de 2010); para la dimensión de transferencia de conocimiento, el volumen anual de actividad de I+D pública y privada; y para la dimensión global y el esfuerzo público, el total de transferencias económicas corrientes que, con cargo a los presupuestos públicos, reciben estas universidades. Aparte de los datos relativos a publicaciones y su impacto, que proceden, como se ha apuntado, del SIR 2010, el resto de los datos se han extraído del informe UEC 2010 (Universidad española en cifras 2010), editado por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) y en cuanto a población, se recogen los correspondientes a 1 de enero de 2009, de acuerdo con Eurostat.
La tabla 1 recoge los datos más recientes de todas estas magnitudes para el conjunto de las universidades públicas de España. En él, como en los que siguen, se han empleado, siempre que ha sido posible, datos consolidados de 2008 (los de matriculación de estudiantes, por ejemplo, proceden del informe UEC 2010);

En el caso particular de España, surgen de forma recurrente manifestaciones públicas que ponen en tela de juicio la extensión del sistema universitario, el acierto o desacierto del desarrollo del sistema que ha conducido a la situación actual de cuarenta y siete universidades públicas presenciales. En momentos de reducción de los recursos públicos, la cuestión se hace más evidente, ya que el número y el desarrollo de las universidades creadas a principios de los años noventa pueden suponer más competencia, en relación con estos migrados recursos, sobretodo a nivel de comunidad autónoma.
El diseño de un sistema universitario público, naturalmente, tiene que ver con los recursos disponibles para desarrollarlo, además de todas las consideraciones que hay que tener en cuenta, y que ya se han considerado, en cuanto a la distribución a lo largo del territorio de los diferentes servicios públicos esenciales y de las infraestructuras a partir de las que se desarrolla un país próspero, competitivo y equilibrado. Sin entrar en estas consideraciones, muy bien expuestas en las respectivas leyes de creación de las diferentes universidades, sí que puede ser conveniente realizar una aproximación cuantitativa a la dimensión óptima de un sistema universitario, si es que tal concepto puede existir. De hecho, la condición principal en la definición de esta dimensión es que la sociedad a la que debe servir y que la debe sostener por medio de los recursos públicos la pueda financiar, y sobre este punto no hay doctrina más allá del hecho de que existe una praxis internacional que sirve de referencia. La tabla siguiente recoge la dimensión de los sistemas universitarios públicos de todos los países de la Unión Europea a 15, donde se aprecia la diversidad de situaciones: sistemas de tipo continental, representados por grandes estados, como Francia, Italia o España, dominados por sistemas universitarios homogéneos; otros de tipo dual, con universidades llamadas de investigación (donde se imparten tres niveles formativos: grado, máster y doctorado); y otros de denominación diversa (universidades de ciencias aplicadas, universidades politécnicas, etc.), donde se imparten como máximo grados y másteres (en los casos de Francia y el Reino Unido no se han contabilizado la diversidad de instituciones con nombres distintos al de “universidad”).

Esta diversidad implica que la comparación no pueda ser tan directa, si bien resulta bastante evidente, a partir de los datos mostrados, que el sistema universitario español es uno de los más compactos de Europa, incluso si solo se consideran las universidades “completas”, de investigación. Solo Holanda y apenas Italia tienen una ratio de habitantes por universidad de investigación superior a la de España. La diferencia, obviamente, es mucho más acusada si se consideran todas las tipologías de universidades públicas; en este caso, España tiene, prácticamente igual a Italia, la ratio habitante/universidad más elevada de Europa, seguida de Francia. Sin entrar a valorar la posibilidad de diseñar para nuestro país un sistema dual de universidades, lo que seguramente implicaría cierta racionalización de la oferta formativa de educación superior, hoy repartida entre universidades y centros de educación secundaria, con el modelo actual de universidades de investigación la media UE-15, sin incluir a España, de una universidad pública por cada 712.000 habitantes nos llevaría aún a incrementar el sistema. En cualquier caso, la realidad actual es que el número de universidades públicas de España es, por habitante, con Italia, el más bajo de Europa occidental, hecho que permite afirmar que no hay demasiadas universidades públicas en España, sino más bien lo contrario.
Asociado de manera directa a este dimensionamiento está el coste del sistema universitario, su dimensión económica. ¿Cuál es el esfuerzo en recursos públicos que sustenta un sistema universitario? El concepto que mejor lo resume es el de transferencias corrientes, esto es, los fondos que se transfieren desde los presupuestos públicos a la universidad para su funcionamiento ordinario, que deben separarse de los que se le pueden transferir para llevar a cabo actividades finalistas de manera competitiva (proyectos de investigación) o transferencias de capital para las inversiones. En relación con estos términos, no se dispone de la misma información para todos los países de la UE-15, pero sí del global de inversión en educación superior (universitaria y no universitaria), que en el conjunto de la UE-15, en el año 2008, suponía el 1,2% del PIB y en España, el 1,07%. No obstante, sí se puede establecer una comparación más extensa y detallada con algunos de estos países, como se recoge en la siguiente tabla:

La tabla nos permite observar, a partir de datos concretos, cuál es el esfuerzo de financiación pública que corresponde al sistema universitario español y compararlo con tres países europeos con diferentes sistemas: muy complejo en la diversidad y también muy dependiente del Estado, como el francés (solo se han incluido datos de universidades de investigación), y dual, con más autonomía, como el holandés y el finlandés. La comparación permite observar también el efecto de abaratamiento de la inversión por estudiante asociado a los sistemas duales, aunque las cifras globales muestran el doble de la inversión por estudiante en España y casi el triple en términos de inversión por habitante.
La economía del sistema universitario español se halla a la cola de los países de la UE-15, mientras que, en términos de riqueza producida (PIB per cápita), se sitúa prácticamente en la media. Esta diferencia entre la posición que ocupa España en indicadores de riqueza y la que ocupa en inversión en educación superior muestran que la actual dimensión económica del sistema universitario español es inferior a la que podría tener de acuerdo con el contexto principal en que se desarrolla, esto es, el de Europa occidental.
El cuadro siguiente muestra la dimensión económica del sistema universitario español y lo compara con el de los mismos países de la UE-15, considerados en la tabla 3, mediante la estimación del valor que tendría a partir de diferentes criterios.

A partir de esta comparación se puede afirmar que, en 2010, el sistema universitario público español no era caro en el marco económico europeo, sino más bien todo lo contrario; de hecho, se podría decir que era muy barato en relación con otros países de la UE-15. La compacidad y el coste global del sistema universitario público español permite concluir que el esfuerzo de extensión del sistema universitario por toda España se ha hecho de forma muy comedida, incluso limitada, pues los parámetros económicos sitúan las nuevas universidades con mayor identificación territorial en las últimas posiciones de España en cuanto a financiación por habitante o en relación con el PIB respectivo.
Eficacia y eficiencia en formación
La eficacia del sistema universitario español se puede establecer solo en términos relativos, dado que, como ocurre con la dimensión de un sistema, no existe un referente absoluto, sino, como mucho, conocimiento del funcionamiento de otros sistemas universitarios. En cualquier caso, la cuestión que se debe plantear es en qué medida el sistema universitario español cumple con sus tres misiones: la formación superior al máximo nivel de la ciudadanía, la generación de conocimiento con referentes universales y el impacto cultural, social y económico de su actividad. Salvo en relación con el apartado conocido como segunda misión ?la producción de conocimiento (investigación)? no existen aún metodologías o mecanismos bien establecidos para medir la actividad en las misiones primera y tercera, esto es, la eficacia en la docencia o en la transformación del conocimiento en valores culturales, sociales o económicos. En este sentido, la información recogida en la tabla 1 muestra los grandes resultados de esta actividad, sin pretensión de exhaustividad (no se incluyen, por ejemplo, los resultados en transferencia e innovación bajo la forma de patentes registradas). En conjunto, el sistema universitario público español está formando a 429 estudiantes por cada 1.000 habitantes en la franja de edad de 20 a 24 años, una proporción que se incluye dentro de los parámetros de las universidades europeas, como muestra la siguiente tabla:

En esta tabla se ha empleado como población de referencia la franja de habitantes de 20 a 24 años, como estadístico más representativo de la población potencial que representa la cifra de habitantes totales, para eliminar el efecto de diferencias notables en las pirámides de edad, que efectivamente existen. Los resultados muestran una apreciable variabilidad en la proporción de estudiantes universitarios (estudiantes de grado, máster o doctorado) y también que, en general, España tiene una relativa baja proporción (solo similar a la de Alemania). Se observa asimismo cómo en los sistemas duales las proporciones globales son mayores, y apreciablemente menores las correspondientes a universidades de investigación.
En cuanto a los resultados de esta formación, no disponemos de evidencias directas sistemáticas a nivel español; en este ámbito, gracias al trabajo pionero desarrollado por la Agencia para la Calidad del Sistema Universitario de Cataluña (AQU), que desde 2001 lleva a cabo una encuesta sobre el empleo de las personas graduadas de las universidades catalanas tres años después de haber finalizado sus estudios, podemos emplear orientativamente los resultados que proporciona AQU para el subsistema universitario catalán. Los datos del estudio de 2011, señalan, en una situación de mercado laboral ya no positiva, un elevado nivel de empleabilidad, adecuación y satisfacción con la formación universitaria en Cataluña. Concretamente y entre otros:
Habrá que ver cómo evolucionan estas medidas en el futuro, en una coyuntura que sigue siendo negativa, derivada de una crisis que afecta muy seriamente al mercado laboral de nuestro país. En cualquier caso, el nivel de la formación universitaria ha demostrado ya su adecuación. De manera indirecta y no cuantitativa, la experiencia del programa Erasmus, que cuenta ya con más de veinte años de vida, nos ofrece año tras año evidencias de la homologación internacional de la formación recibida en España: son millares los estudiantes españoles que han podido contrastar favorablemente su nivel de formación con el de colegas universitarios de toda Europa, con estancias de estudio en las mejores universidades del continente.
Eficacia y eficiencia en investigación. Producción científica y productividad
La tabla 1 ya mostraba los resultados sobre producción científica de la universidad española y su actividad en proyectos de investigación públicos y privados. Más allá de esta constatación, y centrándonos en las magnitudes más mensurables de producción científica y su impacto, hoy es fácil contextualizar internacionalmente esos resultados. Por una parte, en el conjunto de la producción científica, España ocupa el noveno lugar del mundo, nivel que se corresponde con el lugar que ocupa la economía española en términos de PIB, pero mucho mejor que el que ocupa en PIB/ per cápita (32.º) o cuando se consideran conceptos relacionados con la innovación (según el World Economic Forum, 38.º en requerimientos básicos, 32.º en potenciadores de la eficiencia y 41.º en factores de innovación y sofisticación) o con la inversión en I+D (21.º de los 34 países miembros del OCDE). Aproximadamente un 65% de esta producción corresponde a las universidades públicas.

En un estudio elaborado por la Oficina de Coordinación en Investigación e Innovación del Gobierno de la Generalitat de Catalunya en diciembre de 2010, basado en los datos recogidos en el SIR 2010, se muestra el lugar que, cualitativa y cuantitativamente, ocupan las universidades catalanas en el mundo. Siguiendo la misma aproximación de este estudio, basado en la combinación de producción científica e impacto normalizado de la misma, puede verse la posición del sistema universitario español en el mundo.

Las universidades norteamericanas (EUA+Canadá) sobresalen en el global mundial. De hecho, constituyen la gran mayoría de las que tienen, al mismo tiempo, un OUTPUT y un NI elevados. Comparativamente, las universidades asiáticas se sitúan respecto a las norteamericanas en el lugar opuesto del gráfico, mientras que son pocas las europeas, a pesar de estar más próximas en su conjunto al sistema norteamericano, con elevado OUTPUT y elevado NI al mismo tiempo (no hay ninguna universidad europea con OUTPUT y NI muy elevados). Por lo demás, pocas universidades norteamericanas se sitúan por debajo del 1,0 en NI. El sistema español ocupa una zona media en relación al global mundial o europeo.
Del estudio se desprende que la producción científica de las universidades españolas ocupa un buen lugar en Europa, similar al de Francia. Solo los sistemas nórdicos, holandés, belga y anglosajones (Reino Unido, EE.UU. y Canadá) tienen impactos significativamente superiores.
Poner estos resultados en relación con los recursos públicos que los sustentan es lo que nos permite estimar la eficiencia del sistema universitario español. Esta información se encuentra fácilmente disponible para las magnitudes globales estatales (producción científica, PIB o %I+D sobre PIB) mientras que la comparación con otros sistemas de universidades solo se puede realizar a partir de universidades concretas, que suministran datos de financiación suficientes y comparables.
En cuanto a la eficiencia en la actividad docente, la tabla 3 ya ofrece información agregada para algunos países, pues muestra que, en comparación con sistemas tan diversos como los de Francia, Holanda o Finlandia, el coste público por estudiante universitario en España es sensiblemente inferior, en torno a la mitad que en estos países, incluso teniendo en cuenta la formación universitaria impartida en instituciones no investigadoras.
El siguiente gráfico que ha sido elaborado a partir del informe SCImago Journal & Country Ranks que contabiliza la producción científica consolidada por países, muestra la producción científica relativa a la población o al PIB de los 15 países que encabezan la producción científica mundial. Así, España, dentro de este grupo, en datos de 2008, ocupa el octavo lugar en cuanto a producción científica en relación a la población y un destacado sexto lugar en relación al PIB, por encima de países como Alemania y Estados Unidos. Resulta interesante la diferenciación que se produce en 3 grupos: países muy intensivos y eficaces en investigación (Australia, Holanda, Canadá y el Reino Unido), grandes países, muy poblados, emergentes (grupo BRIC) y un grupo central, donde se encuentra España, de grandes estados (con Alemania, Francia, EEUU e Italia) a los que siguen Corea del Sur y Japón.

Finalmente, se puede afirmar que no hay demasiadas universidades en España ni se ha ido demasiado lejos en el esfuerzo de extender el sistema universitario público por todo el país. La universidad española es comparable en el contexto económico en que se desarrolla y, dado que su trabajo de formación superior y generación de conocimiento es valorado positivamente por sus destinatarios (estudiantes, empleadores y comunidad científica internacional), se puede afirmar también que es comparativamente muy eficiente en el uso de los recursos públicos. España, por tanto, cuenta con un buen sistema universitario público que aún se debe desarrollar en dimensión, sobre todo en recursos humanos, para poder crecer más en el impacto de su actividad científica y situarse definitivamente entre los mejores sistemas públicos de Europa.
Datos económicos y demográficos
Eurostat Statistics, http://epp.eurostat.ec.europa.eu/portal/page/portal/statistics/themes
OCDE. OECD.StatStracts, http://stats.oecd.org/Index.aspx
Banco Mundial. Índice de datos, http://datos.bancomundial.org/
Foro Económico Mundial
http://www3.weforum.org/docs/WEF_GlobalCompetitivenessReport_2010-11.pdf
Datos sobre producción científica
SCImago Institutions Ranking World Report (2010) http://www.scimagoir.com/
Datos sobre inserción laboral de los graduados de Cataluña
http://www.aqu.cat/insercio/estudi_2008_graduats.html/
Análisis comparativo internacional de la producción científica de los agentes de investigación de Cataluña
http://www.gencat.cat/diue/doc/doc_83788026_1.pdf
Datos sobre sistemas universitarios
Francia: http://www.enseignementsup-recherche.gouv.fr/pid24804/etat-de-l-enseignement-superieur-et-de-la-recherche.html
Finlandia: Seminario de Gobernanza de la ACUP, 29 de octubre de 2010. Conferencia: “University governance in Finland: recent developments and challenges”, por Anita Lehikoinen, directora del Departamento de Política Educativa y Científica, Ministerio de Educación, Finlandia.
Portugal: Seminario de Gobernanza de la ACUP, 29 de octubre de 2010. Conferencia: “Change and Reform in Portuguese Higher Education: The Challenge of Governance at System and Institutional level”, por Maria Helena Nazaré, Universidad de Aveiro y vicepresidenta (actual presidenta electa) de la Asociación Europea de Universidades (EUA).
Holanda: http://english.minocw.nl/documenten/key%20figures%202004-2008.pdf
Alemania: Conferencia de Rectores de Alemania
http://www.hochschulkompass.de/en/higher-education-institutions/statistics-on-higher-education-institutions.html
Francesc Xavier Grau i Vidal (Lérida, 1958) es el rector de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, en su segundo mandato, escogido por votación de la comunidad universitaria el 6 de mayo de 2010. Anteriormente ya había sido elegido el 15 de mayo de 2006. Es catedrático de Universidad de Mecánica de Fluidos (URV, 2001). Sus intereses en investigación se centran en la física, la modelización y el control de los fenómenos de transporte de calor, materia y cantidad de movimiento en flujos industrial y en el medio ambiente, entras otras ramas científicas. Antes de ser rector, ya había sido máximo responsable de diferentes áreas académicas, entre ellas, vicerrector de Ordenación Académica y de Investigación, de Ordenación Académica y Profesorado y de Infraestructuras y Nuevas Tecnologías, así como director del Departamento de Ingeniería Mecánica.
David Basora Bosch (Sant Feliu de Llobregat, 1969) ejerce, desde 2006, de Jefe del Gabinete del Rector de la Universitat Rovira i Virgili. Anteriormente, ejerció de Secretario Ejecutivo de la Red Vives de Universidades y de Jefe del Gabinete del Consejero de Universidades, Investigación y Sociedad de la Información de la Generalitat de Cataluña. Es licenciado en Economía y máster en Gestión y Dirección de Entidades Sin Ánimo de Lucro, ambos por la Universitat de Barcelona, ha centrado sus actividades en la gestión universitaria, realizando estudios y proyectos en el marco del ejercicio de sus diversas responsabilidades profesionales. También ha sido organizador de más de trescientas reuniones, jornadas y actos de política académica y de gestión universitaria tanto desde su dimensión económica cómo social y cultural; ha intervenido como ponente en distintos seminarios y jornadas universitarias; ha organizado y/o participado de diversas delegaciones gubernamentales a nivel internacional en materia de universidades e investigacióny ha ejercido de co-productor ejecutivo del programa de televisión “Campus 33”· de Televisió de Catalunya, centrado en la divulgación académica y científica.